Amar o fracasar

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1 Juan 4:18).

Me encanta observar a mis hijos y procurar comprender cuando juegan, sus mundos llenos de fantasía y creatividad, donde ellos son los protagonistas y en los que se sumergen profundamente de manera natural y espontánea a tal punto que todo en ese mundo pareciera tomar forma real.

Se mueven con total libertad corporal, hablan asumiendo las voces de los diferentes personajes imaginarios, cantan sus propias letras y armonías musicales, emiten gran variedad de sonidos como si fueran efectos especiales para recrear las escenas que van surgiendo de su imaginación y los veo en un estado de fluidez y creatividad sorprendente, en el que no percibo que tengan que hacer un gran esfuerzo para lograr tanta libertad de expresión. Los veo libres de temor.

Los niños son osados. Se atreven a hacer gran diversidad de cosas,  libres de preocupaciones y somos los adultos los que en muchas ocasiones nos ponemos ansiosos, tomando medidas sobreprotectoras ante cualquier eventualidad que se pueda presentar.

Ellos inventan su entretenimiento. Pueden tener o no tener juguetes y aun así, tienen la habilidad de encontrar formas de diversión bastante originales. Rien y se mueven de forma vívida y agraciada, muchísimo más que los adultos.

No dicen “que pereza con este día tan gris”, ni le ven límites al hecho de que esté lloviendo, pues para ellos todo es novedad ante el espíritu curioso que los caracteriza y siempre encuentran una manera ingeniosa de disfrutar cada momento.

Se perciben livianos. Libres de cargas absurdas. Pareciera que vivieran en un mundo mágico sin fronteras, muy diferente al de los adultos. Nos sorprenden con su espontaneidad y de pronto cautivan nuestro interés cuando lanzan preguntas que pocas veces se nos ocurren a los mayores y vaya situación embarazosa que pasamos al intentar dar una respuesta.

Una mañana, hace algunos años, estaba con dos de mis pequeños esperando el transporte para llevarlos a la guardería. El sol se había despertado bastante esplendoroso y ellos se hicieron detrás de mí para albergarse bajo mi sombra. De pronto les pregunté: ¿Qué cosas pueden darnos sombra?. Ellos sólo empezaron a obsevar alrededor y lanzaron algunas respuestas como éstas: una vaca, un toro, una moto, una casa, una buseta, una persona, un camión, un árbol…

Lo que me parece cusioso, es que no fue “árbol” la primera opción en que pensaron. Pero nosotros los adultos, normalmente hacemos la relación “sombra – árbol”, pues ya es una referencia bien plantada en nuestras mentes. Los niños no tienen temor de dar respuestas espontáneas e inesperadas a los adultos. El amor es el ingrediente que les permite lanzarse libremente sin miedo a lo que pueda pasar. Entonces, ¿por qué a medida que crecemos hasta volvernos adultos vamos perdiendo esa espontaneidad y libertad? …

…Porque vamos desdibujando al amor.

Los principales temores del ser humano son el miedo a lo desconocido, el miedo al dolor, el miedo al rechazo, el miedo al cambio y el miedo a prosperar. Estos son el resultado de la ausencia de amor principalmente y en segunda instancia de las creencias incoherentes y la falta de conocimiento profundo.

La ausencia de amor produce inseguridad, disminución de la valía y baja autoestima. Cuando una persona tiene que enfrentarse a un reto difícil, por su mente empieza a proyectarse un guión con todos los argumentos incapacitadores que le impiden tomar las acciones correctas ante la situación. Ante la falta de amor, la maleza ha crecido propiciando la abundancia de miedos incapacitadores. No hay amor por sí mismo y pareciera que del entorno sólo se habría percibido hostilidad. El reto toma una dimensión mayor de lo que es en realidad y la persona cae en el sinismo al preguntarse: ¿Quién soy yo para poder hacer esto?

La clave para recuperar el amor está en poner nuestra mirada en Dios y dejar que él nos cubra. Dios es amor. Su amor es eterno y no cambia. Él siempre ha estado ahí, cuando estábamos en formación en el vientre de nuestra madre, incluso desde la eternidad estábamos en su mente. Al acercarnos a Dios él nos llena con su amor sobreabundante, como cuando se vierte agua limpia constantemente en una copa con agua contaminada, así van desapareciendo de nuestra vida aquellos engaños acumulados que habían hecho prevalecer al miedo y opacado al amor.

El verdadero amor, el amor de Dios,  es como la capa de ozono que nos cubre formando una barrera protectora para que nada ni nadie nos haga daño.

Las creencias incoherentes son el otro ingrediente que afianza el temor. Muchas personas creen que las circunstancias gobiernan sus vidas y que el ambiente siempre ha determinado lo que son. Pero se olvidan que muchos en condiciones peores han podido vencer la adversidad. La acumulación de todas esas falsas creencias apocan a la persona de manera que cae en un circulo vicioso de auto castigo y ratificación de sus temores.

La falta de conocimiento profundo es la inconciencia habitual del ser humano donde el afán de este mundo lo ha involucrado en una carrera de despropósito y vanalidad. Consiste en saber algo que no se ha interiorizado y por tanto no se pone en práctica. Algo así como predicar y no aplicar. Es poco común encontrar personas disciplinadas que dediquen tiempo a pensar, meditar y a estudiar profundamente sobre los aspectos más importantes de la vida. El conocimiento profundo es aquel que se planta en la mente, pero baja al corazón para convertirse en una convicción de vida.

Sacarle ventaja a los miedos

Los miedos son simplimente ideas distorsionadas y sobredimensionadas que se han formado en la mente de la persona y deben ser enfrentadas para sustituirlas por ideas correctas y saludables.  A continuación, te propongo unos sencillos pasos para enfrentarlos y eliminarlos:

  1. Mira a Dios que es el amor mismo y así no verás las faltas, porque su amor cubrirá todo. Mantén tu rostro al sol y así no verás las sombras. (Helen Keller). “El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas”. (Proverbios 10:12)
  2. Renueva y fortalece el amor por tí mismo, sabiendo que Dios te ha dotado con todos los recursos que necesitas para triunfar en lo que te pongas en mente.
  3. Enfrenta la situación antes que se vuelva grande en tu mente: cuando David se enteró del oprobio que estaba causando Goliat, sólo vio oportunidades. “Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oporobio de Israel?”. (1 Samuel 17:26), mas el ejercito de Israel veía a un hombre poderoso en todo sentido y en sus mentes ya se visualizaban vencidos. “Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor”. (1 Samuel 17:24).
  4. Aprende de aquellas personas que han experimentado tus mismos miedos y los han enfrentado victioriosos. Esto te ahorrará camino.
  5. Ayuda a otros a enfrentar sus miedos proporcionándoles aceptación, apoyo y amor. Cuando aceptas y perdonas los errores y las faltas del otro es poque ya lo has hecho contigo mismo. Las personas de actitud hostil que viven echándole la culpa a los demás usualmente cargan el sobre peso de su propia culpa y permanecen engañadas. Pero el que se apropia del amor de Dios, es despojado del orgullo, empieza a vivir en libertad y ama incondicionalmente porque ha aprendido a amarse a sí mismo.
  6. Acepta los errores y aprende de ellos. Los errores y los aciertos son los mejores consejeros para la superación si estamos atentos a los detalles que nos enseñan. Nunca evites lanzarte a un noble ideal por miedo a cometer errores, pues los únicos que no cometen errores son los que no hacen nada. Lo que al principio pueda ser confuso, tomará claridad con el tiempo si emprendes acciones como informarte, pedir asesoría, prepararte, buscar toda posibilidad de recursos, realizar todos los ensayos necesarios y cometer errores hasta dar con el camino certero. “más la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto”. (Probervios 4:18).

Finalmente, reflexionemos en el versículo inicial:

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1 Juan 4:18).

Si en algo debemos perfeccionarnos es en el amor. Lo demás se cae por su propio peso ante la falta de amor. No hay valentía sin amor. No hay éxito ni felicidad sin amor. Pero si el amor es el fundamento, todo lo demás cobra sentido.

Que Dios te bendiga!

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