Un plan de vida extraordinario (Parte 1)

Habacuc 2:2

“Y Dios me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella”.

¿Quién eres ahora y quién serás mañana?

Siempre me ha sorprendido la capacidad ilimitada con la que hemos sido dotados por nuestro Creador en el área mental. En especial,  el poder que tenemos de ver lo que no es como si fuese, proyectado como una especie de película con un gran guión representado a través de movimiento, color, escenas conmovedoras, llena de personajes, acción y trama donde somos en muchos casos los protagonistas, en ese magnífico telón donde están todas las posibilidades: “La imaginación”.

Ese campo generador, ubicado en nuestro cerebro que viene siendo estudiado intensamente por las neurociencias, ha propiciado de manera genial en todo lo largo de la historia de la humanidad, un sinnúmero de inventos y creaciones útiles para el ser humano que paulatinamente nos ha traido a esta etapa de avances tecnológicos en todas los campos del saber.

Ese proyector mental, superior a cualquier tecnología creada hasta la fecha, es el mismo en el cual se han apoyado muchos personajes de la historia, que, incluso, desde condiciones adversas y vidas arruinadas, han podido ser transformados para elevarse a tal nivel que se han convertido en grandes modelos y ejemplos de superación para el resto de la humanidad. Todos ellos, seguramente, miraron su condición actual, estuvieron inconformes con ese estado y se vieron a sí mismos por encima de las circustancias en una posición de dignidad y plenitud. Elevaron sus expectativas por encima de lo acostumbrado y alcanzaron su visión.

Cuando estamos atentos a escuchar al Señor, quien habla a nuestro espíritu, él revela nuestra condición actual y surge en nuestro ser una sensación de incorformidad entre la realidad presente y lo que Dios ha determinado que sea nuestra realidad. De esa forma nace la visión. Es una imagen clara que Dios impregna a nuestro espíritu de lo que debería ser nuestra vida conforme al plan que él ha diseñado para cada uno de nosotros desde la eternidad.

Nuestra imaginación, por lo tanto, es una valiosa herramienta con la cual Dios nos ha dotado y con el entrenamiendo adecuado podemos usarla en armonía con el espíritu para vivir la vida según el propósito de nuestro Creador.

Así como Dios le dijo a Habacuc que escribiera la visión que le habría de declarar sobre los eventos futuros, es importante que permitamos que Dios nos dicte sus planes acerca de nosotros y escribirlos en un diario, una agenda o en un documento al que podamos acceder una y otra vez, para que estos no caigan en el olvido, sino más bien estemos enfocados en su cumplimiento creyendo en las promesas de Dios.

Ora y deja que el Espíritu Santo active tu imaginación y ponga allí claramente lo que desea para tu vida. Escribe todo aquello que ponga en tu corazón, tus sueños, anhelos fervientes, propósitos y dile que te guíe, mientras fortalece tu fe en el proceso de alcanzarlos.

¡Dios te bendiga!

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