Un plan de vida extraordinario (Parte 4)

El mapa del tesoro

“Encontraremos un camino, o bien lo construiremos” (Anibal)

En la Biblia encontramos un ejemplo de lo que es tener una meta clara y un plan detallado para lograrla. Un copero que trabajaba para un reino al cual no pertenecía, recibe la mala noticia sobre la devastación de la ciudad de la que es oriundo y de la grave situación de los habitantes que quedaron.

Este hombre, llamado Nehemías, se sienta y llora al enterarse de la lamentable situación y ora con gran clamor delante de Dios. Al final de su oración expresa lo siguiente: “Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.”  (Nehemías 1:11).

Nehemías tenía una meta clara: Reedificar la ciudad de su pueblo. (Neh.2:5). Las condiciones no estaban a favor. La ciudad estaba desolada en medio de las ruinas, sus gentes abatidas sin esperanza y Nehemías servía como copero de Artajerjes, un rey de otro pueblo; por lo tanto no podía tomar acción sin el consentimiento de este. Sin embargo, Nehemías esperó en Dios, confiando en que Él le otorgaría la oportunidad ante el rey Artajerjes de poner en marcha el plan que lo llevaría al cumplimiento de su meta. “Concede buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón”, eran las peticiones  que Nehemías ponía delante de Dios. Peticiones que manifestaban las claras intenciones que lo impulsaban en ese momento.

También sabía cuánto tardaría en lograr su propósito (Neh.2:6). Para determinar cuánto tiempo tomaría, seguramente tuvo que hacer toda una variedad de cálculos detallados de cada una de las acciones que debía emprender, contando con la ayuda de los que habían quedado de la cautividad, e incluso teniendo en cuenta los obstáculos que se pudiesen presentar durante todo el proceso. En definitiva, Nehemías tenía un plan. Había determinado el camino a seguir y cuánto tiempo necesitaría para lograrlo.

Ahora, pregúntate: ¿Qué circunstancias hay ahora en tu vida que deseas cambiar? ¿Tienes definido un plan de acción para generar esos cambios? ¿Tienes todo en contra y por eso no encuentras cómo emprender acciones diferentes para salir de la situación actual? ¿Has orado a Dios pidiéndole respaldo y dirección?.

Puedes hacer una lista donde escribas cada una de las cosas que vayan surgiendo de las preguntas anteriores. Empieza desde este mismo momento a darle forma a tu plan. Tómate un tiempo a solas, donde nadie te interrumpa y medita de manera que tengas en cuenta cada área de tu vida. No esperes a que todo alrededor sea perfecto, sino más bien, comienza ahora mismo, aún teniendo todo en contra.

No empieces a resolverlo todo a la vez y mejor elige, de todo lo que escribas, aquellas áreas donde sabes que es prioritario tomar el control. Emprender la acción es tu desafío, es tu primer paso de fe. Dios irá perfeccionando las cosas a medida que avanzas, enseñándote el camino que debes seguir y otorgándote una oportunidad tras otra para que avances al siguiente nivel.

Medita en este verso: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.  (Salmo 32:8)

¡Ten ánimo y empieza!

Se el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada


*