El rostro de la necesidad

San Juan 6:22-24

La mayoría de nosotros en algún momento hemos recurrido a otra persona buscando que nos atienda en una necesidad urgente que dicha persona puede suplirnos de alguna manera. Por ejemplo, ante una necesidad urgente de dinero, un prestamista nos puede sacar de apuros de manera temporal. Podríamos terminar siendo tan dependientes en tal caso si la situación se volviera repetitiva que, cada vez que acudiéramos a él ya este sabría con certeza que le buscamos para lo mismo de siempre.

Seguramente, querido lector, a usted le pase que algunas personas siempre le buscan en situaciones específicas porque tienen un interés de por medio que usted puede satisfacer y luego experimentar frustración al darse cuenta que sólo le buscan para ello.

Básicamente es la respuesta de una actitud egoísta y cómoda la que lleva a que seamos así en ciertas ocasiones y terminemos dando más valor al beneficio que al benefactor. Descuidamos las relaciones, aquello que es más importante, por correr siempre la carrera inmediatista de lo urgente, los resultados a corto plazo, saciar las necesidades propias rápidamente con la inconsciencia de creer que el universo gira en torno a nosotros. Podemos estar tan confusos y desesperados por los problemas que afrontamos, que nos centramos en sí mismos convirtiéndonos en causantes del deterioro de las relaciones personales.

Déjame contarte que, a Jesús también le pasó esto y aún le sigue pasando. La fama del señor Jesús ya había empezado a extenderse por todas las regiones por muchas razones: los milagros que hacía, su lenguaje de poder que generaba polémica entre los fariseos y los incrédulos. Esto hacía que muchas personas le siguieran. Unos le buscaban tal vez por curiosidad, simplemente por estar enterados de lo que estuviera pasando; otros le buscaban con el fin de obtener el beneficio temporal “el milagrito” que les sacara de apuros como saciar el hambre o eliminar alguna dolencia, algunos para ser testigos y tener evidencias a la hora de juzgarle, pero seguramente, la mayoría de las personas que buscaban a Jesús, lo hacían para que supliera sus necesidades.

Cada uno de los que buscamos a Jesús, pasamos por esta etapa de querer encontrarnos con él para que supla nuestras necesidades. Esto es natural, pues todo ser humano sin la presencia del Señor tiene un vacío que sólo el puede llenar. La cuestión es si nos quedamos en esa etapa o avanzamos en el desarrollo de una relación íntima y profunda con el señor Jesús, donde le busquemos ya no por el beneficio, sino por el ferviente deseo de vincularnos con él para ser el reflejo de Dios aquí en la tierra, para hacer su voluntad, para mostrarle a la humanidad una verdadera transformación que viene de adentro hacia afuera, que es genuina y que provoca en los demás el anhelo de tener un encuentro personal con el Redentor.

La biblia narra, que la gente que estaba al otro lado del mar al ver que Jesús y sus discípulos no estaban allí, entraron en sus barcas y fueron a Capernaúm, buscando a Jesús.

¿Cuál era la razón por la que le buscaban? en el siguiente pasaje bíblico nos damos cuenta que Jesús sabía cuáles eran esas razones (Juan 6:25-26). Y… ¿Cuál es la razón por la que le buscamos ahora?

Que bueno sería tener una razón mucho más poderosa, que esté por encima del hecho de buscarle porque tengamos alguna necesidad.

Responde estas preguntas: ¿Has visto señales de Dios en tu vida y en la de otras personas? ¿Cuáles serían esas señales? ¿Qué importancia tienen en tu vida? ¿Qué te impulsa cada día a acercarte al señor Jesús? ¿Qué diferencia hay entre buscarle de una forma genuina a hacerlo por intereses específicos? ¿Qué tipo de relación buscas tener con Cristo?

Se el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada


*